El día se narraba anudado a tu boca

empapado en la trama de tus brazos;

allí, en los ofrecimientos del deseo

divagaba mi piel por inéditos presagios.

 

El primer hallazgo de sabernos,

la  inicial de nuestro ser, sellada,

escrita en la desnuda batalla

de los destierros sin voz.

 

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