Archivo de Noviembre 2008

 

He  hallado el gemido de la Tierra

en las esferas de tus senos,

en los senderos de tus labios a mis labios,

en el sabor a brea que desprenden

tus palabras, cuando recitan besos

a mi cuerpo.

 

 

En el azar del deseo

donde  se mecen las tardes palpándose:

¡he hallado el gemido de la Tierra!

 

 

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Eran violetas húmedas,

plenas, germinadas,

en una eternidad sin dioses.

 

Arrebatabas los instantes

dejándolos sin tiempo,

enmudecías la jerga de la razón.

 

Con tus manos invadías

el imperio de su ciudad escondida,

enredándolas entre la desnudez

de sus estambres.

 

Era tu cuerpo en el mío,

recorriendo las esdrújulas

entre el perfumado gemir

de las caricias en flor.

 

 

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En ese ajetreo de manos

            al contraluz de una mirada,

                        se abrazan nuestros besos

                                   al viento de la tarde.

 

                                                           Y suceden…

 

  

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El día se narraba anudado a tu boca

empapado en la trama de tus brazos;

allí, en los ofrecimientos del deseo

divagaba mi piel por inéditos presagios.

 

El primer hallazgo de sabernos,

la  inicial de nuestro ser, sellada,

escrita en la desnuda batalla

de los destierros sin voz.

 

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Me remitías tu amor

            por la ruta de los barcos

perdidos en la niebla.

en el abordaje de la vida

y en abrazos esquivos,

 

            Cegada mi alma a los olvidos

de aquello que, tú y yo, fuimos,

tejió  presagios en noches de amor,

para amarrar al repertorio de la vida

                                               el temblor

de nuestro adiós.

 

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Las tibiezas del amor

han recorrido mi mundo,

quizás, en un instante;

de extremo a extremo,

como el que va buscando

desvaríos lejanos.

 

Las tibiezas del amor

han compuesto en mí

pentagramas profanos;

de tu cuerpo al mío,

entre el delirio de ser

y el asombro de hallarnos.

 

 

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Desvanecido, débil

como los inviernos

perezosos  de sol,

he visto tu tristeza

suprema

arropar  mi alegría

en tus heridas de agua.

 

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