Archivo de 2 Enero 2008

Capítulo II: El pequeño filósofo

EN ANJOU, LOS INTERNOS FUERON LLAMADOS A CAPÍTULO POR EL RECTOR, quien con talante adusto les participó la siniestra noticia. En la Flèche, les declaró, estaba advertido de que moraría ab aeterno el corazón del Rey, una vez embalsamado y tras la celebración de las honras fúnebres en  París. Enrique IV había consignado una singular atención a la fundación de aquel colegio que llevaría su nombre, había vuelto a depositar la confianza en los jesuitas, tras el atentado frustrado contra su vida que Jean Chantel dijo haber efectuado inducido por ellos, por los profesores donde estudiaba leyes, en el Colegio de Clermont.

El desenlace del  ultraje alcanzó resultas ominosas: 37 jesuitas fueron apresados y el incidente  amparó el alegato para el destierro de la Compañía de Jesús en 1594.  No sería  hasta 1604 cuando se funda la Flèche y se restablece la orden en Francia. El Rey, por una evocación noble, resolvió donar su corazón a este lugar a fin de que fuera una enseña de magnanimidad, apropiándose de los principios de la teología del resurgimiento de Du Val, en donde el corazón se había convertido en la sede del conocimiento y del amor.

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Forjando amaneceres
fotografía: niguez.com

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