Archivo de 4 Octubre 2007

 

Su voz era áspera y sedosa,

con tonalidades de apremio

que sonrojaban el alma.

Era una voz insistente,

como de incienso,

reposada en el abismo de los arcanos.

 

Su voz era el fuego

donde ardían los desalientos.

Era el precepto de lo justo

el edicto de lo bello.

El tañir de las campanas

del ánimo.

La ideología del verbo,

la placidez del discurso.

 

Su voz era el viento

de mis batallas.

La elegía del amor.

La aventura de lo irreal.

el reclamo de lo benévolo.

 

Era una voz clandestina y conversada;

de ella brotaban las sabias profecías de los naufragios,

los versos de los desiertos,

los salmos y las plegarias

de las catedrales y de las mezquitas,

los cantos y los silencios

de los presos y de sus carceleros.

Era la voz de las calles y de las esquinas,

de los bohemios y de los burgueses.

Su voz era el elogio de la vida y,

la vaguedad de la muerte.

 

Pentagramas para Dios

fotografía: niguez.com

 

Comments 10 Comentarios »