Archivo de Septiembre 2007

 

                                           Con el orden de cada día

                                           no hay peligros de rebeldía

                                           no hay azares prohibidos,

                                                              /no hay desánimos.

 

Se establece por decreto la alegría

nos reímos al son de los necios

y nos confundimos entre acordes

                                         /de monotonía.

 

Se inaugura la victoria de lo obtuso

nos procuramos alabanzas

y algarabías entre los escombros

                               /y los abusos.

 

                                         Con el orden de cada día

                                         no hay peligos de rebeldía

                                         no hay azares prohibidos,

                                                  /no hay desánimos

 

Establecido el precepto

           obedientes, vamos muriendo

                                sin saber quiénes somos y

                                                     sin miramientos.

 

Cautividad

fotografía: niguez.com

 

 

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Se esmera el tiempo

          sobre los lienzos,

                    obras sinceras que no perfectas,

                              sinceras como protestas.

 

Manet, incomprendido

muestra y contempla

la tolerancia del color

como un amante insomne.

 

Manchas embrolladas

          que en la distancia

                    obran el milagro

                              de lograr vida.

 

Mirar un cuadro

es ahora un dolor vano,

un imprevisto que busca

cómplices en el mundo.

 

Baudelaire, esperaba

          un viento huracanado

                    que mezclara en nuestros ojos

                              la marchita esperanza de las formas.

 

Colores prestados

fotografía: niguez.com

Édouard Manet

Les Fleurs du mal (Las flores del mal) poemario de Charles Baudelaire

 

 

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Pesadamente y maniatados

sostenéis la Tierra desde todos los tiempos;

cincelados en piedra con una pátina

consternada, enmohecida y distante,

barruntáis el delirio de los dioses.

 

Nadie os encomienda el alma, sin embargo.

 

Vosotros: Atlantes, con vuestos músculos pétreos,

con vuestra espalda de esfuerzo,

con vuestras manos de prédica,

componéis las mareas,

los terremotos y los tifones del mundo.

 

 

Nadie os encomienda el alma, sin embargo.

 

¿Quién os mandó tan despiadado trabajo?

¿Por qué vuestro destino es estático y redondo?

¿Dónde dejasteis los caminos de la Vía Láctea?

¿Aplazáis las impaciencias por conocer otros elípticos rumbos?

¿Acaso vivís de extravío y silencio?

 

Declamad a los hombres vuestra jerga de fatiga

y proseguid velando el giro de la Tierra.

 

Los AtlantesEl peso de la eternidad

 

fotografía: juanahernandezconesa.com

 

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Los días son los arcanos

del movimiento.

Fabuladores, traidores,

como si acoplados

en el tiempo de un te quiero,

compusiesen tristezas

en el caminar de los quizás.

 

Los días son los sigilos

de la desnudez.

Delatores, quiméricos,

como si inventados

en los instantes de un adiós,

ofreciesen auroras

en el filo de las amarguras.

 

Los días son frágiles,

de un azul algodonado.

Despiertos, derramados,

como si aposentados

en las horas de un después

vertiesen topacios

en las sombras de Dios.

 

El trabajo del mar

 

fotografía: niguez.com

 

 

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A todas las mujeres que hicieron del tiempo una verdad.

 

          He aquí un lugar de sombras

un ámbito para las mujeres prohibido.

Un dictamen resignado

un saber a la vida negado.

 

          He aquí la Escuela de Salerno

el coraje de Trótula.

Las sabias mujeres

aciertos de una época desposeída.

 

          He aquí una isla en medio de la Tierra

una aventura no presagiada.

Cincelando mañanas de lluvia

en pretéritos de noches gélidas.

 

          He aquí un reino entre tinieblas

mujeres que rasgaron sedas ignorantes.

Componiendo asombros

entre los hombres de Ciencia.

 

 

Cincelando ideas

 

fotografía: niguez.com

Trótula de Salerno

 

 

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Abrigando tibiezas y razones hemos roto los sueños de

los vientos.

 

                                                            Hemos roto los besos

          se han quebrado las voces y han brotado tertulias de

arrecifes junto a las noches marinas.

 

                                                             Hemos roto los besos

          y un murmullo de olvido se ha enredado entre tu tiempo

y mis olas.

 

                                                            Hemos roto los besos

          y un eterno destierro, que abomina misterio, nos ha

legado una sombra sin astros.

 

Viento invisible

fotografía: niguez.com

 

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Rezan los campesinos,

se detiene el tiempo,

               la sumisión, el vasallaje.

                              Rezan, y en sus conciencias

                                        se amontonan el sudor y el pan.

 

Los gritos están adentro

la ira se desvanece.

Es un instante: cuando el sol cruza la cima del horizonte.

               La esperanza no los mata,

                              rezan y miran a la tierra.

 

En la tierra está la vida y la muerte

como una coincidencia solemne.

               Allí está la verdad que callan,

                              la que les prohíben, la verdad que los hiere.

                                        Rezan y suplican, siempre suplican.

 

Sólo ellos hacen que se detenga el tiempo

con sus dignas invocaciones,

               con sus silenciosas plegarias.

                              ¡Oh Dios! ¿qué rezan los campesinos para

                                        detener el tiempo?

 

El pan en estado puro

fotografía: niguez.com

la obra: “El Ángelus de Millet”

 

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Mar de tantos versos,

de tantos lienzos

de tantas eternidades…

¿Dónde está tu verdad?

Eres como un dios que cierra los ojos.

Reposo

fotografía: niguez.com

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Muero de amor y tengo frío. ¡Oh Caronte!

Acariciando la dicha entre sus manos:

he muerto, de amor he muerto.

Amándola condené mi alma y

el destino hacia el Hades, me reclama.

 

Boga lento, ¡Oh Caronte!

déjame recordarla entre la bruma de la Estigia.

 

Muero de amor y tengo frío. ¡Oh Caronte!

Volvería a morir y a condenarme

desnudo de sacramentos,

son tantas las almas que en esta laguna penan,

son tantos los amantes y sus nombres.

 

Boga lento. ¡Oh Caronte!

déjame recordarla entre la bruma de la Estigia.

 

Muero de amor y tengo frío. ¡Oh Caronte!

A sus besos volvería a pesar de la muerte y sus tinieblas,

morir es tan sólo cerrar los ojos y no verla,

no sentir sus delicados pensamientos es morir.

 

Boga lento, ¡Oh Caronte!

déjame recordarla entre la bruma de la Estigia

Dioses sin piedad

fotografía: niguez.com

 

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 No es tarde. Nunca es tarde.

Para morir basta un ruidillo.

El de otro corazón al callarse

Vicente Aleixandre

 

          No te ocultes tras las dudas de la luna

deja que contemple el amor fuera del tiempo.

 

          Sé que todos los crepúsculos están en ti

dame tus manos y aprieta tu voz junto a mi vida.

 

          Estás en mí como una húmeda certeza

ternura de flores que amanecen cuando te amo.

 

          En la noche junto al cielo te abrazo

y la eternidad se estremece pensando.

 

          ¿Qué piensa la eternidad?

ebría de infinitos se deja caer sobre nuestra piel.

 

          Inclina la cabeza hacia mi hombro, ¡oh mujer!

el horizonte sin ti pierde su nombre.

 

          En ti delira la ternura beso a beso

y las huellas de tus silencios, sutiles, me habitan.

 

          Voy de tu risa a mis vacíos. Todo lo vences, ¡oh mujer!

todo lo vences, cuando me invaden tus ojos de miradas.

 

          Deja que contemple el amor fuera del tiempo

no te ocultes tras las dudas de la luna.

 

Fuegos para una sinfona

fotografía: niguez.com

 

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