Archivo de Agosto 2007

A José María Flores Pilarte, más allá del infinito

 

Recuerdo el último invierno

la muerte te ganaba la partida con su astucia de vieja

acostumbrada.

Eras la espada que hería el aire con destellos de agonía

presentida.

 

¿Cómo no recordar tu fatiga de guerrero

buscando a tientas el campo de batalla?

 

Recuerdo el último invierno

tu caminar errante, tus pensamientos sabios, tu taller de

orfebre, tu afonía desafiante.

Eras el Che Guevara sin noticias del Cristo de Mantengna.

 

¿Cómo no recordar el rumor de los cañones

dispuestos desde las alturas de tu alma?

 

Recuerdo el último invierno

tu mirada de lluvia, tus anhelos azarosos, tus teselas luminosas,

tus manos de tierra.

Eras la deshora que apuraba el último sorbo codiciosa.

 

¿Cómo no recordar la estrategia de un

soldado esperando matar a la muerte?

 

La esperanza de la noche

fotografía: niguez.com

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Ay, si tú estuvieras

un instante bastaría

para que el mar

llorara.

 

Las palabras de mis silencios

retozarían ensordecedoras

entre olas y vientos,

el letargo de mi triste voz

se volvería canto de pesñascos, y

mis versos de amor no morirían,

si tú estuvieras…

 

Ay, si tú estuvieras

un instante bastaría

para que las islas,

suspiraran.

 

En un bergantín

derrotado por los cielos,

solas, remotas y ocultas

dormitan nuestras palabras

ahogadas en las profundidades

de los naufragios, pero

si tú estuvieras…

 

Ay, si tú estivieras

un instante bastaría

para que las mareas se

amaran.

El naufragio de las palabras

Brumas de instantes

fotografía: niguez.com

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