Archivo de la Categoría “Los tres sueños de la razón”

Capítulo III: Latín, amor y naipes

 

RENÉ DESCARTES  SE ENCAMINÓ  HACIA POITIERS,  EN  EL VERANO DE 1614, POR  LOS SENDEROS QUE ESBOZAN EN EL ÁNIMO LOS BAJORRELIEVES INDESCIFRABLES  DE LA VIDA.  En la sala capitular, ahora reformada, le esperaban en animado diálogo su padrino y el Rector, que con gesto cordial le administró la bendición y le instó a que le  adelantara noticias sobre su inmediato quehacer; en modo alguno la formalización de los estudios jesuíticos tenía el significado de un alejamiento. Los alumnos habían sido adoctrinados para entregarse a ocupaciones destacadas en la historia de Francia, con la rúbrica de la Compañía de Jesús.  Tras declarar sus intereses en el campo de las Leyes, siguiendo la tradición familiar, con una excelente puesta en escena, añadió sin circunloquios que también le interesaban otras materias, como la geometría o la anatomía, por lo que no tenía definitivamente decidido cual sería su afán perpetuo. El Rector sabía de las peculiaridades de René, y adoptó una actitud de fingida  comprensión.  De  improviso,  le preguntó si aún seguía con esa idea insólita acerca de la duda. René no tosió, ni su palidez se tornó extrema; respondió respetuosamente que de ahí, de la duda como método de indagación, obtendríamos las ideas claras y distintas, aunque reconoció que tendría que afanarse más para perfeccionarlo como un nuevo sistema filosófico y científico. Invenciones de jóvenes, intervino el Señor Brochard; asintió el Rector, no sin sospecha. -Bien, espero que nos mantengas informados de tus descubrimientos, declaró. -Sabrán de mí, respondió René con ufana y misteriosa actitud. Tras las salutaciones al uso, se cerró la puerta del Colegio Real.  

 

Leer capítulo completo

Cuando sueñan las rocas

fotografía: niguez.com

Comments No Hay Comentarios »

Capítulo II: El pequeño filósofo

EN ANJOU, LOS INTERNOS FUERON LLAMADOS A CAPÍTULO POR EL RECTOR, quien con talante adusto les participó la siniestra noticia. En la Flèche, les declaró, estaba advertido de que moraría ab aeterno el corazón del Rey, una vez embalsamado y tras la celebración de las honras fúnebres en  París. Enrique IV había consignado una singular atención a la fundación de aquel colegio que llevaría su nombre, había vuelto a depositar la confianza en los jesuitas, tras el atentado frustrado contra su vida que Jean Chantel dijo haber efectuado inducido por ellos, por los profesores donde estudiaba leyes, en el Colegio de Clermont.

El desenlace del  ultraje alcanzó resultas ominosas: 37 jesuitas fueron apresados y el incidente  amparó el alegato para el destierro de la Compañía de Jesús en 1594.  No sería  hasta 1604 cuando se funda la Flèche y se restablece la orden en Francia. El Rey, por una evocación noble, resolvió donar su corazón a este lugar a fin de que fuera una enseña de magnanimidad, apropiándose de los principios de la teología del resurgimiento de Du Val, en donde el corazón se había convertido en la sede del conocimiento y del amor.

Leer capítulo completo

Forjando amaneceres
fotografía: niguez.com

Comments 2 Comentarios »

Capítulo I: París bien vale una misa 

PARÍS SE PREPARABA PARA LA CORONACIÓN DE MARÍA DE MÉDICIS, QUE TENDRÍA LUGAR  EN LA BASÍLICA DE SAINT-DENIS el día 13 de mayo del año del Señor de 1610, durante la tregua de la guerra que se reanudaría en 1618 continuando hasta 1648, conocida como la de los Treinta Años. El día se despabiló con una luz lenta y asoleada, comprometiendo a la primavera parisina con un viento sedoso y, sin embargo, frío.  Las fogatas a punto para arder durante la noche aún dejaban presentir  entre sus brasas la ebria vigilia que la ciudad vivía allí junto a los mansos,  los desventurados, los jugadores, los camorristas y los amigos de lo ajeno, que  utilizando el encubrimiento que alberga la lobreguez se afanaban en sus menesteres poco declarables. Espontáneamente les sorprendió el crepúsculo matutino arrebujados entre jergones  hediondos y, a cielo abierto, la canalla trataba de componérselas con el apaño de sus harapientos ropones que les procuraban el ocultamiento del saqueo.  

Entre el hedor de los semejantes y el fluido de las deyecciones, los maleantes parecían aviarse con maestría, y, por intuición secular, todos los  tarambanas rehusaban el agua y  se  apegaban al vino sin perder de vista el estilete o el puñal. La vida no tenía valor para la rufianería,  ya que no se podía trapichear  con ella. Los objetos y el peculio,  por el contrario, eran muy valorados por la chusma, que sabía que tras adueñárselos les podían proporcionar un itinerario de sabrosos bocados que zamparían con glotonería desmedida.

Capítulo I completo: pincha aquí

Paris bien vale una misa

…”en todos los círculos se hablaba de las infidelidades de Enrique de Navarra hacia la fe católica; de hecho, se afirmaba sin titubeos que ya lo había anunciado en Saint-Denis el 25 de julio de 1593, durante el acto de abjuración canónica de las herejías protestantes, que debió acometer, por segunda vez, para acceder al trono de Francia. La memoria social, ayudada por el gregarismo que procura la murmuración, descifraba el engaño en el instante en que el futuro rey manifestó públicamente: ¡”París bien vale una misa”!, era incuestionable, ante sus alegatos, que de este modo Enrique IV había anunciado en su declaración que los asuntos gubernativos relegarían al acervo religioso del reino.

En los últimos años los impuestos provocaron aceradas revueltas, el pueblo francés se negó a pagar lo que había dispuesto Sully, mano derecha del monarca. Para más ironía, aún a sabiendas de sus circunstancias, se afirmaba adrede y con intención maledicente que el Rey y la Reina gastaban grandes sumas en sus amantes y en el juego, y que  las monedas de oro y plata, por su causa, se habían ausentado de Francia. El Rey ya había obtenido el acuerdo de anular su primer matrimonio, con Margarita de Valois, en el Tribunal de Roma, componiendo una circunstancial boda favorable con la católica banquera florentina María de Médicis, que se suponía fecunda. Lo era…”

Capítulo I completo: pincha aquí 

¡Paris bien vale una misa!

fotografía: niguez.com

Continuará…

Comments 4 Comentarios »

En esta novela se desvela la verdadera personalidad de René Descartes: su notable y refinado sentido del humor, su inteligente sarcasmo, así como su interés por la ilustración de la mujer. Hombre aventajado de su tiempo que no declinó ser hijo de su época.

“… Es la hora en que los hombres se enfrentan a los genios, es la oportunidad de la indulgencia, de la adhesión, ese instante casi beatífico del que la humanidad se desprende en cada ángelus, para conciliarse con los sueños en la paz de sus amañadas conciencias… “

“Los tres sueños de la razón” pp. 159.

La arquitectura de los siglos

fotografía: niguez.com

Comments 20 Comentarios »