Archivo de la Categoría “Un invierno sin ti”

 No es tarde. Nunca es tarde.

Para morir basta un ruidillo.

El de otro corazón al callarse

Vicente Aleixandre

 

          No te ocultes tras las dudas de la luna

deja que contemple el amor fuera del tiempo.

 

          Sé que todos los crepúsculos están en ti

dame tus manos y aprieta tu voz junto a mi vida.

 

          Estás en mí como una húmeda certeza

ternura de flores que amanecen cuando te amo.

 

          En la noche junto al cielo te abrazo

y la eternidad se estremece pensando.

 

          ¿Qué piensa la eternidad?

ebría de infinitos se deja caer sobre nuestra piel.

 

          Inclina la cabeza hacia mi hombro, ¡oh mujer!

el horizonte sin ti pierde su nombre.

 

          En ti delira la ternura beso a beso

y las huellas de tus silencios, sutiles, me habitan.

 

          Voy de tu risa a mis vacíos. Todo lo vences, ¡oh mujer!

todo lo vences, cuando me invaden tus ojos de miradas.

 

          Deja que contemple el amor fuera del tiempo

no te ocultes tras las dudas de la luna.

 

Fuegos para una sinfona

fotografía: niguez.com

 

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Del vientre de la lluvia

el alba compuso su canto

en papel mojado.

 

Un canto de arco iris

que desentonamos

de charco en charco.

 

Del corazón del horizonte

los mares su himno entretejieron

con aleluyas azules.

 

Aleluyas azules

coreadas en papel mojado

cada tarde que desentonamos

con pretextos para no amarnos.

 

Almas entre cristal

fotografía: niguez.com

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Desde el vértigo de tus horizontes

y las impaciencias de mis mares,

en los aledaños de tus miradas

y en los suburbios de mis silencios.

                                        Allí te amo.

Desde las calles sin nombre y

entre el gentío del no sé a donde,

en los letreros luminosos

en los discursos del consumo

y en las grietas del desprecio.

                                        Allí te pierdo.

Te pierdo en las esquinas

de la indiferencia,

en los monólogos de la pedantería

en los cataclismos del odio

y en las sorderas de la miseria.

                                        Sí, allí te pierdo.

Y deseo encontrarte en una tarde tibia

presagiada por el mediodía

persiguiendo voces y sueños

entre los arrabales de un te quiero.

                                        Porque allí te amo.

Los espejos del cielo

fotografía: niguez.com

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Pensarte

es tejer los días con una ortografía de puño y letra

es saber que la vida escribe acerca de mí

y me obsequia con un

punto y aparte.

 

Fábula en azul y blanco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

fotografía: niguez.com

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Sucedo a destiempo

               en un tiempo

                              caído del tiempo.

                             

                              Sucedo entre horas.

Sucedo sin precisiones

               sin aclaraciones

                              sin invocaciones.

                              Sucedo entre conjeturas.

Sucedo disertando

               acerca de los posibles

                              de los imposibles

                                        de los invisibles.

                              Sucedo entre abreviaturas.

               Sucedo aman

                                   do

                                   abrazan

                                   do

                                   besan

                                   do

                                   acarian

                                   do

                              La vida, sin embargo,

               la vivo como todos:

                                       en los idearios

                                       en los abecedarios y

                    en los calendarios.

Poseidón en guerra

fotografía: Juana Hernández Conesa

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A José María Flores Pilarte, más allá del infinito

 

Recuerdo el último invierno

la muerte te ganaba la partida con su astucia de vieja

acostumbrada.

Eras la espada que hería el aire con destellos de agonía

presentida.

 

¿Cómo no recordar tu fatiga de guerrero

buscando a tientas el campo de batalla?

 

Recuerdo el último invierno

tu caminar errante, tus pensamientos sabios, tu taller de

orfebre, tu afonía desafiante.

Eras el Che Guevara sin noticias del Cristo de Mantengna.

 

¿Cómo no recordar el rumor de los cañones

dispuestos desde las alturas de tu alma?

 

Recuerdo el último invierno

tu mirada de lluvia, tus anhelos azarosos, tus teselas luminosas,

tus manos de tierra.

Eras la deshora que apuraba el último sorbo codiciosa.

 

¿Cómo no recordar la estrategia de un

soldado esperando matar a la muerte?

 

La esperanza de la noche

fotografía: niguez.com

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